El día 1 de cada mes mantiene la magia ancestral del comienzo del ciclo. Ya han pasado 4 meses desde el último post en radarq y la excusa para romper esa dinámica es esa misma: hoy se inicia un ciclo.
El contexto de esta exigua producción de artículos en el blog es la crisis. Crisis económica que compartimos todos y en la que estamos inmersos.
Pero no culpemos a la crisis.
Dentro de nuestro contexto apostamos hace 6 meses por mantener la estructura del equipo humano que tenemos. Una decisión valiente desde el punto de vista financiero, pero al fin y al cabo, una apuesta por lo que creemos que en tiempos de crisis está por encima de todo: las personas.
Asumiendo esa apuesta, la sucesión de eventos y decisiones que hemos tenido que tomar en los últimos 6 meses ha sido amplia. La velocidad y variabilidad a la que transcurrían los acontecimientos ha sido tan alta, que en ocasiones parecía como si no existiese manera de salir del corto plazo y de esa próxima entrega que se aproximaba. Una tras otra.
Escribir, en esa situación, se hace complicado.
El tiempo de presente que ha de abrigar la escritura se ve amenazado por constantes “inputs”. Así nos hemos refugiado en otros espacios de Internet compartiendo notas y conversaciones.
El verano, ese tiempo notable en el que uno recupera el tiempo por sus pasiones: el mar, la lectura, la compañía, la conversación…
El verano me dejó una pregunta, ¿por qué escribir? Si la sucesión de compromisos lo impide, ¿por qué escribir? Si es una tarea compleja que requiere de tiempo y trabajo, ¿por qué escribir?
Por compartir. Por conversar. Por enseñar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Por reflexionar colectivamente. Por lanzarnos de nuevo a esa piscina que es escribir.
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Foto portada: Gabriel Orozco House de Tatiana Bilbao – © Iwan Baan
