Una parada de autobús como cualquier otra. Una parada en la que esperar para subirnos al autobús del progreso. Una parada en la que no para ningún autobús. Una parada entre la realidad y la ficción, una trampa para aquellos a los que les falla la memoria.
Una vez subidos al relato, José Luis de Vicente nos conduce por sitios que no aparecen en los mapas y con historias que no se dieron tal y como nos cuentan. Turistas de nosotros mismos, usamos en el viaje postales de la ciudad como fragmentos que nos permiten construir una narración y especular sobre el qué vendrá después: “Las cosas no salieron como esperábamos”
